No es por nosotros, es por mí

 
 

No confundas una crisis personal con una de pareja

 
 

 
Photo by Sebastian Pichler

Photo by Sebastian Pichler

Siempre digo que la vida adulta* ya es lo suficientemente perra a veces como para que compartirla con alguien la haga todavía más difícil. Creo que la pareja solo tiene sentido para estar mejor, para que sume y no reste, para que te dé más alegrías que penas y que el motivo de tu llanto continuo no debe ser tu pareja.

 A los/as adolescentes les gasto la broma de que tu pareja solo puede hacerte llorar por tres razones: si ella sufre, si es tu tatuador/a  o si es tu entrenador/a personal. Pero, fuera bromas, la vida ya tiene lo suyo como para que el motivo de mi agonía sea la persona con la que la comparto. Obviamente en una relación se discute, hay que pedir perdón, perdonar, acompañarse en los momentos difíciles… Pero si en general la relación es dañina, no te hace crecer sino que te mengua y en definitiva resta más que suma, acabará contigo si tú no pones remedio o  acabas antes con ella. Eres demasiado importante como para que alguien te destruya, que no se te olvide nunca.

Ahora bien, estas semanas he tenido varias conversaciones interesantes sobre la idea de que “no hay que luchar por el amor”, “si una de las dos partes dice que ya no quiere a la otra ya no hay nada por lo que luchar” etc. En un primer instante puedo llegar a compartir la idea general. Creo que “luchar” es una palabra  demasiado fuerte como para usarla en el contexto de conseguir que alguien te quiera, pero  vamos a bucear un poco más profundo.

No descubro nada nuevo si digo que los seres humanos somos de todo menos sencillos. Esa complejidad nos lleva a no entendernos ni aguantarnos a nosotros/as mismos en muchas ocasiones, cuánto más con otra persona con sus propias “incomodidades”. Cuánta razón tiene el libro bíblico de los Proverbios  cuando dice que el corazón es engañoso. Las personas estamos en continuo cambio, crecimiento, evolución (al menos deberíamos…) y a veces ocurre que la persona que tenemos al lado puede estar llevando un ritmo diferente al nuestro.

 

“TE DEJO”

 

Una crisis personal  se puede resumir grosso modo en: “No me encuentro, no sé lo que quiero, engordo, envejezco y se me acaba el tiempo para conseguir aquello que creo que me hará feliz.  ¿Será que ya no quiero estar con esta persona? , si no estuviera con ella cumpliría este sueño, además todavía puedo gustarle a otras personas…”,  y entonces lo haces… “TE DEJO”. Así es como has convertido tu crisis personal en una crisis de pareja.

Si solo por el hecho de “que sientes que ya no sientes lo que se supone que debes sentir” por esa persona, incluso cuando has dado el paso de casarte, estás en tu derecho de romper la relación. Pero desde mi humilde opinión te diré que en mi experiencia he visto como en ocasiones esa ruptura no era la solución. La ruptura era el resultado de convertir una crisis personal en una crisis de pareja, dejándose llevar por su “enajenación mental transitoria”.

 

 

 

Es por esto que a veces los absolutos son importantes. No puedes prometer “te amaré siempre”, pero sí puedes prometer “decido amarte y construir juntos algo que perdure” si ese es vuestro deseo.

 

Puede ocurrir que las acusaciones que vertimos sobre nuestro/a compañero/a no sean más que un reflejo de nuestras propias frustraciones, o que las situaciones difíciles de la vida diaria (estrés, agotamiento, preocupaciones) las canalicemos por la tubería equivocada.

Aprende a diferenciar entre una crisis personal y una de pareja, soluciona una antes de empeorar la otra y busca ser un equipo con tu pareja no un bando rival en esta carrera de la vida.

*La vida adulta es un rollo, la vida pirata es la vida mejor.

Silvia Pérez Martínez.