El día que E.T. me preguntó por el amor

 
 

El amor en tiempos modernos.

 
 

 
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Querido ET:

Ya llevamos un tiempo carteándonos para que tú me cuentes cosas de tu planeta y yo del mío. Hasta ahora todo ha ido más o menos bien...

 
 

Sigo sin entender vuestro rollo de comer gatos pero oye, si a vosotros os funciona no me meto… Te he hablado del poder del dinero, de que en teoría todas las personas somos iguales ante la ley (en teoría…), y de que el Trap es algo así como el Rap pero cantado sin ganas, pero la pregunta que me has hecho hoy es demasiado complicada...

 
 

El amor en pareja, las relaciones…. Pues hijo yo qué sé, a ver cómo te lo explico, porque no nos ponemos de acuerdo ni a este lado de la Galaxia. Para que te hagas una idea  del jaleo, por ejemplo, antes te dejaban porque no les gustabas y ahora te dejan porque les gustas. Como lo oyes: “te dejo porque me estoy empezando a pillar, a enamorarme pero yo quiero fluir” ¿Y no se supone que va de eso? Pues parece que no.

¿Recuerdas la frase que te conté de Moulin Rouge que decía: “lo mejor que te puede pasar en la vida es que ames y ser correspondido”? pues ahora hay que añadir: “lo mejor que te puede pasar en la vida es amar y ser correspondido y que seamos capaces de quitarnos los miedos”, porque al final, ET, detrás del “es que yo quiero fluir” lo que hay es

M I E D O, así con todas las letras. Miedo a la vulnerabilidad, a dar tu corazón y que te lo rompan, a perder la absoluta soberanía de tu vida, a ser dependiente, a no ser libre, al compromiso, a dejar de gustar, a dejar de cazar...

 
 

 
 

Si realmente fuéramos libres nos atreveríamos a amar, eso sí que es fluir: me gusta alguien y por lo tanto comparto parte de mi camino con esa persona. Pero el individualismo de nuestra sociedad nos está comiendo ferozmente. No seré yo quien defienda que sí o sí tienes que tener pareja, y la dependencia absoluta  hacia otra persona siempre será negativa, pero la interdependencia es lo más humano que existe y el amor, entre otras cosas, va de eso: cuando estoy bien, disfruto a tu lado y lo comparto contigo, y cuando estoy mal me sobra el mundo y me faltas tú. En fin, qué complicaditos somos los terrícolas con esto del amor…

 

En realidad creo que todos estos miedos pueden resumirse en miedo a que me hagan daño, porque  el amor es lo mejor que te puede pasar en la vida pero también es lo más doloroso cuando se rompe.

Y entonces, nos suicidamos por miedo a la muerte, así de absurdos somos.

 
 

 
 

Puede que esté un poco ñoña porque llega la Navidad (ya te explico de que va esto en la próxima carta) pero mira, lo que les diría a quienes habitan la tierra sería:

Si te gusta alguien ¡díselo!, que el no ya lo tienes, y si resulta que se da la maravillosa coincidencia de que a esa persona le gustas tú, pues quítate los miedos y adelante. “Piri Silvia, is qui ni sí si mi gisti”, si te gusta estar con esa persona, te ríes, piensas en ella cuando te pasa algo divertido y se lo quieres contar en seguida… a lo mejor es que te gusta. Inténtalo, si tienes miedo a que salga mal trabaja para que salga bien y si después hay que llorar pues se llora, pero si no lo intentas, tu corazón se volverá como Narnia antes de la llegada de Aslan: siempre helado pero sin Navidad y entrarás en el bucle de “me gusta todo de ti pero me falta algo”, “es que no tengo ilusión”, “yo quiero fluir” (tranqui, de Narnia también se sale).

 

En resumen, ET, que no tiene sentido no lanzarte a vivir algo que quieres por miedo a algo que quizá ni siquiera va a pasar. ¿Crees que los terrícolas lo entenderán?

 

Un cariñoso saludo,

 

Silvia Pérez Martínez.