NO ERES TÚ, NO ERES TÚ, NO ERES TÚ, SOY YO

 
 

Cuando en nuestra vida se presentan situaciones de “no es por ti es por mí”, sientes que el corazón se te rompe en mil cachitos y que el unicornio muere.

 
 

 
Photo by chuttersnap

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Lo que te está pasando es que necesitas tu dosis de dopamina.

 

Cuando nos enamoramos, en nuestro cerebro se elevan los niveles de dopamina (dopamina: droga que te hace sentir como si viajaras a lomos de un unicornio).

El enamoramiento nos hace  pasar por un estado de locura transitoria cuyos síntomas son muy parecidos a los de un “trastorno obsesivo” en el que solo queremos estar con la persona amada y donde hacemos lo que haga falta para conseguirlo (hasta comer pizza con piña o acompañarla a un babyshower si hace falta).

Después, cuando ha pasado un tiempo, el cerebro se acostumbra a este subidón y se tranquiliza; pasamos del enamoramiento al amor, porque el unicornio necesita beber agua y no puede estar todo el día volando.

Pues bien, cuando en nuestra vida se presentan situaciones de “no eres tú, soy yo”, o descubres que no eres tú sino que es otra persona, sientes que el corazón se te rompe en mil cachitos y que el unicornio muere tras una terrible agonía.  Lo que te está pasando en realidad es que tu cerebro está sufriendo el proceso inverso del enamoramiento. Se ha cortado la fuente de dopamina y está apareciendo el síndrome de abstinencia (el mono de toda la vida, vaya), lo que provoca que te parezca una buena idea hacer cualquier tontería con tal de recuperar tu dosis, como escribirle un mensaje a las tres de la mañana. Miras vuestras fotos una y otra vez, relees los whatsapps y hasta te pones sus audios de fondo para dormir… Cualquier acercamiento, por pequeño que sea, consigue saciar tu necesidad de dosis en el momento.

Lo que ocurre con esta dinámica, es que al final lo único que consigues es alargar la agonía y tardar más en recuperarte. Para poder “rehabilitarte” de tu “adicción” es importante que tomes distancia y te alejes de contextos que te puedan hacer recaer. Como con cualquier enganche, la distancia y el trabajo en ti harán que desaparezca

 

 

Aun así, el proceso puede que no sea todo lo rápido que te gustaría, y es probable que pases por las siguientes fases:

 

NEGACIÓN

Esto no está pasando. Sencillamente no aceptas que esté ocurriendo y prefieres engañarte con ideas tipo: “está pasando una crisis”, “volverá”, “solo está confuso/a”, “ha tomado drogas o un extraterrestre le ha poseído porque NO PUEDE SER”.

En esta fase también suele iniciarse un periodo de negociación en el que de alguna manera intentas que esa personas vuelva contigo, “si vuelves te daré todo aquello por lo que creo que te has ido”. 

IRA

Como no consigo lo que quiero ni con la mejor de mis estrategias, pues me enfado y no respiro. Ahora no es que la otra persona esté confundida, es que es idiota y todo lo que hace es para fastidiarme, así que contraataco poniéndole difícil todo lo que dependa de mí (reparto de bienes, mascotas, cuidado de hijos/as, hablando mal de él o ella…). Lo que hay detrás de todas estas acciones a las que tu llamas “justicia” es despecho, porque en el fondo quieres que esa persona te quiera.

Quedarse aquí mucho tiempo afecta gravemente tu salud y la de los que están a tu alrededor

 DOLOR

 Cuando ya vemos que ni por las buenas ni por las malas recuperaremos a nuestro amor caemos en una profunda pena y nos ponemos a comer chocolate como si no hubiera un mañana, o se nos cierra el estómago y lloramos y lloramos y lloramos un poco más. TODO nos recuerda esa persona. No puedo ir a ese parque porque hay árboles, y los árboles dan oxígeno y mi pareja respiraba, así que me acuerdo de ella. No queremos salir y nos quedamos en casa lamiéndonos las heridas. O nos da por no entrar y beber hasta perder el conocimiento y hacer cosas estúpidas porque no queremos enfrentarnos a esa pérdida. Ni lo uno ni lo otro te hará estar mejor.

La fase de dolor puede ser sanadora o autodestructiva, todo depende de cómo la trabajes.

 

ACEPTACIÓN Y SALIDA

La fase de salida empieza con la aceptación de la nueva situación: “esta persona ya no está en mi vida, al menos, de la manera que yo quiero”. Este es el camino para poder estar bien pronto.

En este camino te aconsejo:

  • Da gracias por lo vivido y aprendido con esa persona. Por muy malo que haya sido su comportamiento o vuestra historia, SIEMPRE puedes aprender algo.

  • Pregúntate ¿en qué puedo mejorar yo? La responsabilidad de una ruptura nunca es 100% de una parte, aunque sea 90-10 piensa qué hacer con esa décima parte para crecer y ser/estar mejor.

  • Empieza a crecer en otras áreas de tu vida. Sal con gente que te haga reír, apúntate a clases de guitarra, de croché o de Tai-Chi, viaja, cocina… y haz todo aquello a lo que quizá renunciaste por estar con tu pareja.

  • Sobre todo, pasa tiempo contigo para conocerte más, date caprichos y quiérete mucho. Disfruta de la “soltería”.

Si te das este tiempo para ti en “barbecho” es decir, sin meterte en otra relación hasta que estés preparado/a, te harás dos regalos: el autoconocimiento, lo que te llevará a una autoestima saludable, y que no te llevarás una mochila llena de cosas negativas de la anterior relación para tu próxima pareja.

 

De todo se sale en esta vida, es una situación que no has elegido, pero puedes decidir si avanzar o estancarte.

 

Si aún así sientes que no consigues levantar cabeza, escríbeme. Estaré feliz de poder ayudarte.

Silvia Pérez MartínezU